El grupo de maternal comprende edades de dos y medio a los cuatro y medio. En esta etapa los niños están desarrollando su cuerpo físico y también descubriendo el ambiente social que se vive en una escuela. Para ello las maestras muestran a los niños como relacionarse entre ellos, esperar turnos, compartir.

El juego de los niños comienza a tener más sentido,  a través de la fantasía y el lenguaje hasta ese momento desarrollado crean juegos entre ellos con materiales naturales como piñas, bloques de madera, telas, bebés, conchas de mar y varios más. El mundo de afuera le ha proporcionado suficientes imágenes que ahora pueden replicar dentro del salón jugando con los demás niños y niñas.

 

El ritmo del maternal tiene las siguientes actividades:

En maternal Raíces iniciamos el día con actividades al exterior, las niñas y niños del grupo van llegando por la mañana, se despiden de mamá y/o papá y saludan a sus maestras y compañeros; los primeros en llegar recibimos a los que van llegando.  Cuando estamos todos nos preparamos con botas y sombrero para caminar juntos por diferentes espacios que invitan al movimiento, recorremos la escuela y vivenciamos el inicio del día, encontramos momentos para jugar y trabajar con los elementos en el jardín, con la tierra y agua en el huerto.  Nos preparamos para las actividades al interior con un cambio de calzado acompañado de un cálido lavado de manos.

Después nos reunimos para cantar y saludarnos con un cuento en movimiento que varía de acuerdo al ciclo anual y sus festivales más importantes.  Así nos preparamos para el juego libre que se desarrolla al interior con materiales sencillos y naturales que nutren los sentidos e invitan a la fantasía.  Mientras el juego transcurre los adultos preparamos la mesa y los alimentos del día,  el juego concluye cuando guardamos y recogemos juntos.  En el momento de la comida nos reunimos y  compartimos en un espacio de calma y reverencia.  Después de guardar y lavar nos  preparamos para el siguiente momento con algunas canciones y juegos de dedos, dispuestos para escuchar un cuento y cerrar el día con una siesta.