En la etapa del jardín de infancia la esencia del trabajo con los niños debe ser el desarrollo de la voluntad. Los niños en el primer septenio aprenden haciendo; absorben el mundo mediante sus sentidos, necesitan oportunidades de movimiento y aprenden a través de la imitación.

El jardín de infancia ofrece al niño suficientes oportunidades para acercarse a los conocimientos a través del juego creativo y la imaginación. Esto apoya al niño en la tarea central de los primeros años de la infancia: el desarrollo del cuerpo físico. La intelectualización temprana aleja al niño de esta tarea fundamental, mermando la salud y vitalidad que sostiene su momento presente y que cimentará su bienestar en la vida adulta.


Los niños del jardín de infancia viven en la escuela un programa basado en los ritmos: anual, semanal y diario, los cuales están en estrecha relación con los ritmos de la naturaleza.